Poco después de las Hogueras de San Juan, las Fiestas de Verano, que se desarrollan durante julio y agosto, son unas fiestas sosegadas donde predominan los espectáculos musicales y los actos culturales que tienen su escenario en plena calle, siendo la moderna Plaza del Puerto el núcleo principal de actividad del Festival Internacional de Música, Teatro y danza. En esas noches de pleno estío, en las que resulta casi imposible conciliar el sueño, los alicantinos y visitantes, de todas las edades o gustos, toman la fresca con la posibilidad de escuchar un concierto -clásico, jazz o blues- , presenciar una obra de ballet o disfrutar de una pieza teatral. Estas jornadas culturales y musicales han ido adquiriendo cada vez más prestigio por la alta calidad de los artistas que a ellas concurren, de forma que en pocas ediciones, en el año 1999 será su tercera edición, ya tienen un reconocimiento y alcance internacional.
Si los espectáculos son el principal ingrediente de estas fiestas culturales, la música es el nexo de unión a casi todos ellos, siendo uno de los actos más tradicionales el de la noche del 3 de agosto, la tradicional Alborada. Desde las once de la noche y hasta la madrugada, la Banda Sinfónica Municipal de Alicante, llena el cálido ambiente nocturno con el sonido de las piezas clásicas ejecutadas, demostrando una vez más que la música es uno de los signos más claros y representativos de la identidad alicantina.
Entre tanta cultura profana, el único acto religioso que se conserva de las primitivas fiestas en honor de la patrona de la ciudad es la procesión que cada 5 de agosto recorre algunas calles del Casco Antiguo partiendo desde la Concatedral de San Nicolás.